Des-tino
Miercoles, Marzo 28th, 2007He escrito y borrado mis palabras tres veces, tal vez porque es difÃcil hablar de algo en que se cree tanto pero es difÃcil de explicar.
Hablaba del destino. Hablaba de que cada vez me es más claro que las coincidencias no existen. Hablaba de que llegué tarde a la serie Lost y, dado que tengo pocos, muy pocos amigos en BerlÃn y el clima no es precisamente uno de ellos, dicho programa, pese a sus vacÃos narrativos y sus trampas sensibleras, me ha dejado leer entre lÃneas cosas que me ponen nervioso con la misma fuerza con que me atraen.
Como eso del destino.
Y hablaba de cómo pienso en ese destino y la manera en que se relaciona conmigo. Hablaba de mi destino.
Hablaba de mi destino en este momento, de esa serie de acontecimientos que, por ejemplo, me ponen frente a esta máquina en este preciso instante, para mirar y escribir, para escribir y mirar a los turcos que pasan por afuera de mi casa. Observarlos desde la ventana y darme cuenta de que cada uno tiene un destino y, en una ecuación indescifrable, casi caprichosa, ése, su destino, consiste únicamente en pasar por afuera de mi ventana, sin percatarse de mi presencia, sonriéndose el uno al otro.
La serpiente que se muerde la cola.
Me da miedo eso del destino. Me da pavor. Me pone a pensar en ideas sobre el fin del mundo, sobre tintas que se pintan sobre el libro de la vida hasta agotarse en medio de una frase, sin puntos finales o suspensivos, anunciando el temible dÃa en que no se signará un nombre más.
Eso es lo que pienso en el peor de los casos, cuando le niego a mi destino otras posibilidades.
Como la de ser un héroe, aunque sea por un solo dÃa, por un solo minuto.
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