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Archive for Marzo, 2007

Des-tino

Miercoles, Marzo 28th, 2007

He escrito y borrado mis palabras tres veces, tal vez porque es difícil hablar de algo en que se cree tanto pero es difícil de explicar.

Hablaba del destino. Hablaba de que cada vez me es más claro que las coincidencias no existen. Hablaba de que llegué tarde a la serie Lost y, dado que tengo pocos, muy pocos amigos en Berlín y el clima no es precisamente uno de ellos, dicho programa, pese a sus vacíos narrativos y sus trampas sensibleras, me ha dejado leer entre líneas cosas que me ponen nervioso con la misma fuerza con que me atraen.

Como eso del destino.

Y hablaba de cómo pienso en ese destino y la manera en que se relaciona conmigo. Hablaba de mi destino.

Hablaba de mi destino en este momento, de esa serie de acontecimientos que, por ejemplo, me ponen frente a esta máquina en este preciso instante, para mirar y escribir, para escribir y mirar a los turcos que pasan por afuera de mi casa. Observarlos desde la ventana y darme cuenta de que cada uno tiene un destino y, en una ecuación indescifrable, casi caprichosa, ése, su destino, consiste únicamente en pasar por afuera de mi ventana, sin percatarse de mi presencia, sonriéndose el uno al otro.

La serpiente que se muerde la cola.

Me da miedo eso del destino. Me da pavor. Me pone a pensar en ideas sobre el fin del mundo, sobre tintas que se pintan sobre el libro de la vida hasta agotarse en medio de una frase, sin puntos finales o suspensivos, anunciando el temible día en que no se signará un nombre más.

Eso es lo que pienso en el peor de los casos, cuando le niego a mi destino otras posibilidades.

Como la de ser un héroe, aunque sea por un solo día, por un solo minuto.

  

 

When we get married

Miercoles, Marzo 21st, 2007

No soy un revoltoso, un maniaco, o sufro de enfermedades venéreas. Tampoco soy un criminal, al menos que yo sepa. Mi expediente de antecedentes penales se limita al robo de un encendedor en Gigante, so pretexto de tener algo con qué encender los cuetes, por allí de los 9 años, y no fue una experiencia muy grata que digamos. Sobre todo porque nos cacharon –iba con mi primo Javiercito-, mandaron llamar al gerente, y fuimos tratados con la sutileza que recibiría un Coran-lover en Guantánamo. Tampoco uso drogas ni soy activista de organizaciones globalifóbicas. No milito en Green Peace, no llevo tatuajes –lástima, siempre le tuve ganas a una estrella como la de la película Krull en el hombro-, y me considero un feliz apartidista. No soy hincha de ningún tipo ni sigo deporte alguno (le dejé de ir al América a los por allí de los 9 también –tal vez el gerente de Gigante tuvo algo que ver-, y la última vez que vi un partido de futbol americano con interés el core back era un Joe Montana que empezaba a jugar). Fumo cada vez menos tabaco, he permutado el whisky por inofensivas y contadas cervezas, y hasta la grasa cada vez está menos presente –no porque quiera, sino porque me es difícil hallarla- en mi dieta.

No sé, entonces, por más que me quiebro la cabeza, cómo es que un burócrata alemán tuvo la sangre fría suficiente como para mentirnos con relación a un documento cuando lo contactamos hace unos meses, teniendo como resultado, y para no hacerles el cuento largo, el que ahora la única manera en que pueda casarme con la nuca –al menos hasta hoy parece ser la única factible- sea viajando a otro país, exiliándonos como las aves migratorias, las mariposas monarca, los padres de muchos chicanos, los marroquíes e infinidad de señores que aparecen en La Biblia.

Dinamarca la llaman, y hasta allí se desplazan teutones antisociales que quieren casarse tailandesas color de bronce,  ninfómanas prendadas de dotadísimos cubanos y artistillas que pretenden esquivar la lente paparazzi. Así, y a cambio de una significativa cantidad de euros, las flexibles leyes danesas posibilitan ceremonias express estilo Las Vegas y sonrisas de a montón.

Yo no sé si sonreiré mucho en caso de que nuestro plan B sea la única salida.

Quizá, si al menos pudiera casarnos un Elvis rubio y tamaño vikingo…

 Nota: La fecha de la fiesta, programada para el 30 de junio, permanece inamovible. Menos mal.

El Recuento de los Días

Miercoles, Marzo 14th, 2007

El Recuento de los Días

Llevo exactamente 34 días y 9 horas en Berlín. A continuación les presento algunas de las cosas más notables (sin orden cronológico) que han ocurrido durante ese tiempo:

-  Me he comido apenas tres kebabs (uno de dimensiones colosales) y en las tres ocasiones me he preguntado, mordida tras mordida, si será cierta aquella leyenda urbana que rumora que en esos trompitos, tan parecidos a los de carne al pastor, suele colocarse carne de perro (¡pues de qué más!). No lo creo. Pero de cualquier manera he evitado los de un euro y cincuenta centavos que hay a la vuelta de mi casa.

- Cubrí la Berlinale por tercera vez, y por igual número detesté a la mayor parte de los periodistas allí reunidos. Digo, todos queríamos entrar a la rueda de prensa de la película de De Niro… ¿por qué entonces hasta los alemanes olvidaron los buenos modales y se creyeron que estábamos en un partido de rugby? Con tanto empujón recordé aquel anuncio con figurillas que había antiguamente en los comics –por lo menos en el de Archie- y en donde a un flacucho lo desplazan en la playa frente a la mirada de su novia, por lo que decide entrar al régimen patentado por Charles Atlas. Si encuentro uno de esos cursillos por acá seguro que lo tomo… y es que, ¿de verdad estoy tan enano?

- Rulo –sí ese Rulo radiofónico- me llamó tarado en uno de sus posts –insulto que se vio acompañado por una falsedad que, contrario a éste, sí percibí totalmente fuera de lugar-, simplemente porque en una de mis columnas TRAN-CRI-B� lo que un buen amigo me dijo alguna vez. Cito: “que se cree el John Peel mexicano�. A la fecha sigo pensando cuál habría sido su reacción de haber referido a Howard Stern en lugar de a Peel. En fin. Por mi parte, prefiero darle carpetazo al asunto, tal vez por el simple hecho de que comparto su nostalgia enfermiza por los Magicuentos.

- Me inscribí a otro curso de alemán y mi presentación ante la maestra fue en verdad desastrosa, armada en un penoso Deutsch-English. En resumen, dije algo así como: “Hallo. My Name ist Carlos Jesús. Ich habe just ein Kurz taken before�. Scheisse.

- Me di cuenta de que mi actitud anti fotografías merece revisarse nuevamente: Pude haberme tomado una foto a David Lynch y no lo hice porque decidí no cargar con el aparatejo. De cualquier manera nunca olvidaré sus deditos moviéndose por el aire, como si moviera los hilos de un títere invisible.

- Sigue esa gran interrogante en mi vida: ¿Por qué en Europa, sin excepción, la gente te sonríe cuando dices que eres mexicano? ¿De verdad se debe a que derrochamos tanta simpatía? A veces siento que cuando camino los alemanes ven a un Pique desplazándose por sus calles.

- Gracias a Chuck Klusterman, me he enterado de que la vida de Nico (Velvet Underground) era aún más trágica de lo que hasta hace poco sabía; digna de una telenovela de jorobadas y tullidas a las que acaba besando un güerito ojiazul en el foro dos.

- Ah sí, y cumplí 33 años el 3 del 3. Quizá sea momento de jugar a la lotería… o raparme… tal vez he llevado siempre una marca demoníaca en la nuca y mi madre nunca me lo dijo.

Sol en el Infierno

Viernes, Marzo 9th, 2007

Hoy por fin miré al sol desde la ventana de mi cuarto en Berlín. Al parecer aquí hay que cortejarlo -será porque en alemán lleva un artículo femenino-, mimarlo, convencerlo, hablarle al oído para que aparezca, prometerle las perlas de la virgen. Tímido -o tímida- sale con un brillo opaco, indeciso, como si el pago que uno ha dado comiéndose la nieve y los inviernos insufribles no fuese suficiente. Se parece mucho a esos soles de películas que anuncian el fin del mundo, al sol de Matrix justo antes de la guerra final de las máquinas, al sol de los anticristos, las pesadillas y los demonios. Confieso que no soy mucho de sol, que en México a veces es exagerado, extrovertido e incluso cínico, que allí es tan encimoso que hasta sus infiernos seguro aparece…  

En fin. Solicito sol a domicilio, aunque sea del encimoso. No requiero referencias.

Confesión

Jueves, Marzo 8th, 2007

La nunca tiene la boca llena de razón cuando dice que soy bastante “inutilito”, y se lo concedo específicamente en dos modalidades de desempeño de inteligencia para las que no doy una: las manualidades y la computadora. Es erróneo quienes piensan que aquellos que saben hacer un si menor en la guitarra pueden utilizar un taladro, o que por ser un hacha para el ping pong ya se puede armar una mesa de Ikea. Para alguien que sufrío tremendamente en kínder 1 y 2 la computadora a veces se muestra como aquel ábaco mortífero que la maestra sacudía mientras cantaba Oh Bandera Tricolor. Lo peor de todo es que aún cuando pretendo emplear el cien por ciento de mis neuronas para realizar este tipo de actividades algo falla, y una suerte de corto circuito me hace pensar en el último capítulo de Lost que vi -y eso que apenas voy en el cuarto-, o en lo que la madrina Celia contó el otro día sobre la diferencia entre chiítas y sunitas. No tengo remedio pero sí mucha esperanza. Por eso, con la valentía de un niño héroe saltarín, acepto el reto de incursionar por entre estas páginas virtuales.

Y que Dios me ilumine.