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Una Ópera

La última vez que vi a Sergio fue la misma noche en que le confesó su homosexualidad a sus padres, quienes, como suele ocurrir, fueron los últimos en enterarse –o al menos eso es lo que aparentaron-, pues su “jotismo�, que es como él le llamaba, era más que evidente para todos lo que lo rodeábamos. Y es que, independientemente a los ligeros ademanes, como de dandy inglés de principios de siglo XX montando a caballo, con que adornaba cada uno de sus actos, desde beber el café y hasta lavar los platos, Sergio cumplía con todos los clichés que suelen ligarse al mundo gay, era y es, pues, un homosexual de tópicos, de esos que en su colección musical cuentan con todos los discos de Soft Cell, Depeche Mode, ABBA, Donna Summer, Pet Shop Boys, Madonna y The Smiths, y de los que cada año conmemoran la muerte de Oscar Wilde leyendo alguno de sus cuentos sumidos en la más triste de las tristezas. Curiosamente al principio ninguno de los que éramos sus amigos lo sospechábamos, de hecho a mí me parecía brutal el póster de George Michael que por aquel entonces tapizaba una de las paredes de su cuarto, y que parecía saludar a la Audrey Hepburn con sombrero que se hallaba colgada en el muro de enfrente. Extravagantes, claro, me parecían las camisas multicolores Versace que usaba y en las que parecía invertir hasta el último peso que ganaba como chico Blockbuster, y con las que llamaba la atención de todo dios, al punto que mi padre, tan poco fijado para ciertas cosas, acabó diciéndonos a mi hermano y a mí un día: “deberían de aprender de su amigo ése que se viste con banderas, que no está de huevón como ustedes�.

Lo raro, en realidad, vino tiempo después, cuando todos, excepto él, planeábamos cualquier tipo de tretas para sumergirnos dentro de alguna falda. Era entonces, en medio de las conversaciones que manteníamos con respecto a los cabellos, los senos y las piernas de nuestras conquistas –si es que había, y si no, también-, que Sergio se mantenía distante, apartado, como si mirara una plática de fantasmas o de políticos marxistas por televisión. En realidad no pasó mucho tiempo para que sucediera lo ineludible, para que Sergio confesara su “cualidad�, el chisme se esparciera como pólvora, y de diez “amigos amigos� que decía tener se quedara solamente con tres.

La última vez que lo vi llovía y Sergio lloraba o había llorado, y el D.F. parecía la tapa de un libro viejo. Me deseó suerte, le desee suerte y nos despedimos con un abrazo. Poco tiempo después una amiga mutua me dijo que se había ido a Canadá. Nunca me escribió y nunca le escribí.

Ayer, mientras Anna Netrebko cantaba en una pantalla ubicada en la Bebelplatz creí verlo aplaudiendo y sonriendo y agitando los brazos como si la función de la Netrebko fuese únicamente para él. Hasta que la multitud se lo tragó.

4 Responses to “Una Ópera”

  1. Javier Says:

    Defendiendo San Cristóbal, te mando un abrazo.

  2. El Homo Rodans Says:

    tremendo el fenómeno del coming out! el movimiento de liberación homosexual ha pasado por diversos momentos, en especial cuando se ha sabido politizar la intimidad y la sexualidad. Ahora que se ha demostrado que ,”we’re everywhere” y que se han conquistado algunos derechos semejantes a los de la mayoría (no, aún somos ciudadanos de segunda), se aspira a una paulatina “invisibilidad”, es decir, llevar una vida como la que lleva alguien que ya luchó y ganó un lugarcito en la sociedad. no se ni estoy seguro si en méxico con la recién aprobada ley de sociedades de convivencia estemos en camino de vivir como gente “normal”. aún cargamos con tremendos rezagos. lindo homenaje al amigo del ayer.

  3. Leonardo Says:

    Tal vez puedas volver a encontrar a tu cuate en el Christopher’s street daz que se celebra por éstas fechas en Berlin si no me equivoco…..

    Llegué a tu blog a través de Yaotzin. A ver si la próxima vez que me lance a Berlin nos encontramos para ejugar ping-pong, un arte en que, se dice, estás muy bien versado.

    Muchos saludos de Braunschweig,

    Odranoel

  4. carmen Says:

    Siempre me ha sorprendido que influya tanto en las personas, amigos en este caso, lo que hace alguien en su cama. No me explico como se puede sacar de tu vida a alguien solo por lo que hace en su intimidad, y a ti no te afecta, definitivamente he llegado a la conclusion de que los hombres (en este caso) y creo que en casi todos, tienen un miedo tremendo al contagio. No al contagio de cualquier enfermedad, si no al contagio de la homosexualidad, me pregunto si no sera que hay muy pocos que tengan claro lo que son?.

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