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Archive for Julio, 2007

Dos Versiones, Una Plegaria

Jueves, Julio 26th, 2007

I See a Darkness, opino, es una canción escrita en una resaca inclemente, vomitada junto con los restos de bilis y alcohol sobre una hoja en blanco. Crudo o no, Bonnie “Prince” Billy embriagó con saña su pluma antes de la primera línea. Miró con los ojos cerrados el pasado y recordó el rostro de todos los amigos que se fueron quedando en el camino, todos aquellos que optaron por la otra u otras opciones que ofrecían las innumerables encrucijadas que la vida despliega sobre su accidentado suelo. El resultado de tal introspección fue este descarnado retrato hablado de lo que los amigos, los verdaderos amigos, piensan de sí pero nunca, jamás se dicen.

Mi amigo Federico, por cierto, dice que se parece a BPB pero con un poco más de pelo. Yo le he insisito que es mejor lo que todo el mundo piensa: Que es igualito a Woody Allen (de verdad lo eres, Federico). En lo personal, de lunes a jueves Billy me recuerda a Maximiliano de Habsburgo, los viernes y sábados a Heri Landrú y los domingos, pues bueno, los domingos, y gracias a esta canción suya que los reserva como nada para ejercitar la nostalgia, Bonnie “Prince” Billy únicamente puede parecerse a Bonnie “Prince” Billy.

Y por si todavía les queda duda sobre el valor de esta canción, lo que esconde, lo que dice sin decirlo, escuchen la versión de Johnny Cash y la manera en que su voz se desliza -y nos desliza- hacia un féretro, un abismo, la nada… y luego nos detiene y nos jala y nos ilumina.

Sean pues, cortesía de Mr. Cash, bienvenidos a su propia oscuridad, y a su luz, si es que la hay (la segunda voz, cabe decirlo, es interpretada por el mismo Billy).

Y las líricas, el producto de la náusea de Billy:

Well, you’re my friend
And can you see
Many times we’ve been out drinking
Many times we’ve shared our thoughts
Did you ever, ever notice, the kind of thoughts I got
Well you know I have a love, for everyone I know
And you know I have a drive, for life I won’t let go
But sometimes this opposition, comes rising up in me
This terrible imposition, comes blacking through my mind

And then I see a darkness
Oh no, I see a darkness
Do you know how much I love you
Cause I’m hoping some day soon
You’ll save me from this darkness
Well I hope that someday soon
We’ll find peace in our lives
Together or apart
Alone or with our wives
And we can stop our whoring
And draw the smiles inside
And light it up forever
And never go to sleep
My best unbeaten brother
That isn’t all I see

And then I see a darkness
Oh no, I see a darkness
Do you know how much I love you
Cause I’m hoping some day soon
You’ll save me from this darkness

Scott

Jueves, Julio 26th, 2007

De acuerdo a Scott, un tipo inglés al que apenas conocí y que se bebe las cervezas de medio litro literalmente de tres largos tragos, existe en San Francisco, y desde mediados de los sesenta, un culto muy raro a un tal San Fermín. Todo lo que sabe sobre ello, dice, se lo contó su tío Scott, a quien además del nombre le debe una envidiable colección de acetatos que va desde un disco firmado de Johnny Mathis –sobre el cual me permití hacerle un comentario bastante incisivo-, y hasta las colecciones completas de Led Zeppelin y Roxy Music. Pero por encima de la herencia musical, sin embargo, misma que según él sobrepasa los trescientos volúmenes, Scott me confesó que le gusta hablar sobre aquella larga temporada –y que incluyó el archiconocido “Summer of Love�, del ’67-, que su homónimo tío pasó en San Francisco, so pretexto de evitar a toda costa la vida de minero que le esperaba en Hampshire. “Se acostó con media comuna hippie y un día le dio un ‘raid’ en su Buick a Janis Joplin y una amiga suya, pero dice que era muy fea y con el rostro cubierto de acné, y que además olía a calcetín sucio. Era un tipo apuesto, muy parecido a Henry Fonda�, me aseguraba Scott mientras que su nariz alcanzaba tonalidades cada vez más rojas, casi marrones. “Pero luego de un tiempo de repente se perdió, como tantos. Fue al cabo de varios meses de inyectarse speed y pasar varios días sin comer ni dormir que alguien, quizá un buen samaritano hippie acuariano, le dijo a Scott: ‘ve al barrio de Haight-Ashbury y arrodíllate frente a San Fermín, Scott�, Scott 2 me dijo a la cuarta cerveza y luego de un pequeño –e incómodo- paréntesis en que trató de ligarse con malos modos a una croata sentada en la mesa contigua. “Y sí�, continúo Scott, “Scott caminó hasta el barrio aquel y, siguiendo indicaciones de otras buenas almas, llegó a una pocilga en donde, a oscuras y situado en medio de una sala, San Fermín cuidaba a las almas descarriadas que llegaban ante sus pies. San Fermín, conocido también como San Chiva, San Caballo, San Toque, es el patrono de los drogadictos, bueno, no de todos, solamente de los que se inyectan, se chutan, los junkies, pues�. Supongo que fue en ese instante que Scott interpretó en mi mirada algo que no le gustó. Ahora pienso que tal vez me le quedé viendo sin verlo en realidad, como si estuviese buscando en sus pupilas otras pupilas, o como si me burlara secretamente de todos los fans de Johnny Mathis que hay en el mundo, pero la abrupta despedida a nuestra extraña conversación fue más que clara cuando exclamó, casi gritándome, “have a nice life� y, dedicándome después una mueca que yo únicamente podría repetir luego de varios y meditados ensayos, bajó lentamente la vista hasta el fondo del tarro de cerveza.

Cuando salí por la puerta del bar, Scott seguía mirando el vaso, sin moverse, como si fuese de piedra.

July Rain

Martes, Julio 10th, 2007

En realidad no ha pasado tanto tiempo desde que no me asomo por aquí. O quizá sí, pero la culpa no la tienen la pereza o la desidia, sino al hecho de que me casé. Sí, me casé por una segunda vez que de hecho es la primera (algo difícil de explicar), y al convite, llevado a cabo en un día nublado en Offenbach –un  pintoresco pueblo cercano a Frankfurt que me recuerda a un Atlacomulco del primer mundo-, vino gente procedente de todos lados, desde Florencia hasta Barcelona, y desde Comitán, Chiapas hasta la vecina Berlín. A todos y cada uno de los invitados, familiares, amigos, quiero agradecerles su participación y enjundia, su amistad e incondicional cariño.

Pero eso es harina de otro costal. Un tema, que quizá desarrolle en una futura ocasión, tal vez cuando deje de comparar mi propia boda con el video de November Rain de Guns N’ Roses. Rain hubo poca y no fue en noviembre, y ciertamente yo no llevaba un traje blanco ni el cabello alaciado pero ay, ¡qué manera de beber de los invitados! Como si se hubieran puesto a la tarea de sacar al Axl Rose que todos llevamos dentro. Pero insisto, de ello hablaré en otro momento.

De hecho ahora escribo simplemente para exorcizarme de varios temas, cosas por decir que traigo dentro y que no sé porqué llevan días asaltando mi cabeza. Uno de ellos, por ejemplo, versa sobre Nicolás Cabral, director editorial de la revista La Tempestad, y buen amigo. A él le debo, luego de una visita a su casa en la Colonia Cuauhtémoc, hará ya unos seis años (palomeábamos Bad, de U2 a dos guitarras, aunque pudo ser La Ciudad de la Furia, de Soda Stereo), mi primera publicación en forma. “¿Por qué no escribes algo sobre Radiohead para La Tempestad?�, me propuso y yo dije sí y desde entonces la vida ha dado mil giros y ahora regreso de alguna manera –aunque sea virtual- a la revista donde esbocé mis primeros garabatos. Diario La Tempestad (www.diariolatempestad.com) es el nombre del sitio electrónico, e independientemente a tener el honor de haber sido invitado a participar en él (en la sección Capitales del Arte-Berlín), me parece una mínima recompensa al esfuerzo que Nicolás y todo el equipo de la ya reconocida revista literaria y de artes han hecho por fotografiar, fomentar, impulsar la cultura del país, por mover y sacudir y despertar cabezas. Bien por ello. Les invito a que se asomen por allí.

Además de éste, sin embargo, otros temas han pateado mi cerebelo con pesada insistencia. Tal vez se deba a lo sensible que se pone uno –como princesita, si he de ser honesto-, con todo esto de la unión matrimonial. No lo sé, lo cierto es que, a partir de una invitación que se me hizo a través del hi-5 (de una antigua compañera de “servicios�), mi mente regresó a aquella época tan peculiar de mi vida en que anduve coqueteando con la Cienciología. Tal vez fue por la misma época en que jugaba a ser Bono con Nicolás Cabral, puede ser, pero lo cierto es que a esos años los sigo considerando un muy personal “lost weekend�, no tanto por ser una época de excesos (aunque algo de ello hubo), sino porque dentro de la increíble necesidad que tenía por hallarme una identidad, un lugar en mi mundo, me perdí tanto como Thom Yorke al final de Karma Police. Cosas que pasan, supongo, pero lo cierto es que allí, en la religión o doctrina –o farsa, de acuerdo a algunos- que defiende el eterno sonriente Tom Cruise con la fiereza de una leona, tampoco encontré las respuestas. Pero por ahora no me sigo, no vaya a ser que me suceda lo mismo que el reportero de la BBC, John Sweeney (http://youtube.com/watch?v=hxqR5NPhtLI), quien perdió totalmente los estribos su intento por hacer un reportaje sobre la creencia fundada por L.Ron Hubbard, supuestamente por ser continuamente asediado y acechado por guaruras que de seguro son fans de John Travolta. Las paredes tienen ojos, dicen, aunque en su momento abundaré sobre el tema, porque además tampoco se trata de una experiencia en donde me hayan metido en una cámara para colocarme un aparato en la cabeza y lavarme el cerebro. Únicamente puedo adelantar que, al igual que cualquier religión tomada como fanatismo o la verdad de las verdades (y por ello, intolerante), ya se trate de catolicismo, judaísmo o islamismo, la Cienciología apesta por su soberbia.

Mejor mirarla, como a los párrocos y a los rabinos más ortodoxos, de lejitos, y esperar el día en que los discursos excluyentes, todos ellos, se ahoguen por sí solos.

En eso pienso, medito, ahora que he dicho tanta cosa que poco o nada sentido tiene. En este momento en que en Berlín no para de llover y, si me dejo, puedo convertirme en la víctima de la más cruel de las nostalgias. En este rato en que, si no escribo, aunque sea temas que planteo a medias y quizá nunca desarrollo del todo, siento que me voy a secar.

Hiper-sensibilidad post-matrimonial, insisto.

 

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