Scott
De acuerdo a Scott, un tipo inglés al que apenas conocà y que se bebe las cervezas de medio litro literalmente de tres largos tragos, existe en San Francisco, y desde mediados de los sesenta, un culto muy raro a un tal San FermÃn. Todo lo que sabe sobre ello, dice, se lo contó su tÃo Scott, a quien además del nombre le debe una envidiable colección de acetatos que va desde un disco firmado de Johnny Mathis –sobre el cual me permità hacerle un comentario bastante incisivo-, y hasta las colecciones completas de Led Zeppelin y Roxy Music. Pero por encima de la herencia musical, sin embargo, misma que según él sobrepasa los trescientos volúmenes, Scott me confesó que le gusta hablar sobre aquella larga temporada –y que incluyó el archiconocido “Summer of Loveâ€?, del ’67-, que su homónimo tÃo pasó en San Francisco, so pretexto de evitar a toda costa la vida de minero que le esperaba en Hampshire. “Se acostó con media comuna hippie y un dÃa le dio un ‘raid’ en su Buick a Janis Joplin y una amiga suya, pero dice que era muy fea y con el rostro cubierto de acné, y que además olÃa a calcetÃn sucio. Era un tipo apuesto, muy parecido a Henry Fondaâ€?, me aseguraba Scott mientras que su nariz alcanzaba tonalidades cada vez más rojas, casi marrones. “Pero luego de un tiempo de repente se perdió, como tantos. Fue al cabo de varios meses de inyectarse speed y pasar varios dÃas sin comer ni dormir que alguien, quizá un buen samaritano hippie acuariano, le dijo a Scott: ‘ve al barrio de Haight-Ashbury y arrodÃllate frente a San FermÃn, Scottâ€?, Scott 2 me dijo a la cuarta cerveza y luego de un pequeño –e incómodo- paréntesis en que trató de ligarse con malos modos a una croata sentada en la mesa contigua. “Y sÃâ€?, continúo Scott, “Scott caminó hasta el barrio aquel y, siguiendo indicaciones de otras buenas almas, llegó a una pocilga en donde, a oscuras y situado en medio de una sala, San FermÃn cuidaba a las almas descarriadas que llegaban ante sus pies. San FermÃn, conocido también como San Chiva, San Caballo, San Toque, es el patrono de los drogadictos, bueno, no de todos, solamente de los que se inyectan, se chutan, los junkies, puesâ€?. Supongo que fue en ese instante que Scott interpretó en mi mirada algo que no le gustó. Ahora pienso que tal vez me le quedé viendo sin verlo en realidad, como si estuviese buscando en sus pupilas otras pupilas, o como si me burlara secretamente de todos los fans de Johnny Mathis que hay en el mundo, pero la abrupta despedida a nuestra extraña conversación fue más que clara cuando exclamó, casi gritándome, “have a nice lifeâ€? y, dedicándome después una mueca que yo únicamente podrÃa repetir luego de varios y meditados ensayos, bajó lentamente la vista hasta el fondo del tarro de cerveza.
Cuando salà por la puerta del bar, Scott seguÃa mirando el vaso, sin moverse, como si fuese de piedra.
