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Archive for Septiembre, 2007

El Verdadero Bono

Jueves, Septiembre 27th, 2007

No hay que ser ningún adivino para intuir que el clima frío y húmedo de Berlín, llegado ya apenas a finales de septiembre, no ha sido la mejor fórmula para alegrarme la vida. Ayer, sin embargo, me enviaron este videíllo que miré y remiré y con el que me reí hasta el cansancio. Me parece que todos hemos pensado, mayormente a últimas fechas, algunas de las cosas que estos muchachones de Muchachada Nui (continuación de La Hora Chanante, un programa de televisión español), dicen sobre Bono. Aplaudo pues el que ahora las digan por nosotros.

El gag sobre Carlinhos Brown me parece inmejorable.

Gracias Ana

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Miercoles, Septiembre 26th, 2007

La idea no es reconstruirme. Si acaso reinventarme. Salir de este agujero para volver a meterme en él. “Blanco sobre negro”, decía Hemingway, y yo solamente pienso en tus piernas largas y en la voz de PJ Harvey y en lo mal que me quedaba el cabello engominado cuando iba a la escuela.

Los fantasmas se aparecen, más viejos, más gordos, pero lo hacen: con sus fotos tontas en que arrullan a sus hijos tontos y posan con perros idiotas.

Son un manojo de miserables.

Como yo.

Si al menos tuviese el valor de saltar la barda.

Y caer

 

Charles Bronson Particular

Martes, Septiembre 18th, 2007

 Para A.D.

He vuelto aquí, de alguna manera, a causa tuya. No tengo otra cosa que darte, en estos momentos, más que palabras. Palabras y recuerdos, como aquel que me asaltó por la mañana de improviso mientras guiaba la bicicleta bajo la lluvia y sorteaba una de las coladeras que pavimentan la Oranienstrasse. Allí, con las gafas mojadas, y cayendo en cuenta con ello, en primer lugar, de que las llevaba puestas, recordé de repente las tuyas, las de armazón horrible y voluminoso que usabas en los ochenta, cuando eras aún regordete y el bigote tímido y puntiagudo te daba un aire a lo Charles Bronson que quedaba perfecto con los tiempos. Y allí estabas, siempre fumando y siempre riendo a carcajadas estridentes que parecían atorarse en algún punto entre tu mandíbula y tu estómago. Crecimos luego todos un poco, y entonces fue posible compartir alguna bebida ya no con el tío miope y con sobrepeso, sino con el esbelto y afeitado ejecutivo de edad madura que siempre guardaba un consejo bajo el brazo. Cervezas y rones, te pedíamos la mayoría, como cualquiera que apenas rebasa la mayoría de edad, pero tú, desde el otro lado de la barra de tu casa, nos conminaste a educar el paladar con whiskeys contenidos en botellas doradas y cognacs cuya cantidad de años añejándose sumaba el doble de nuestra edad. La risa inconfundible, aunque algo más rígida, seguía allí, desafiando cualquier silencio incómodo –o cómodo-, y rebasando cualquier malentendido que pudiese surgir. Y es que, aunque en numerosas ocasiones nuestras verdades, o más bien la defensa de nuestras verdades, sobre todo en cuestiones religiosas, nos pudieron llevar a calladas guerras sin cuartel –de esas que se libran solamente con miradas-, tú nunca –al menos en mi caso- pretendiste imponer la tuya, cosa que te agradeceré toda la vida. Ahora, cosa curiosa, se dice que tu batalla más reciente la libras desde las entrañas y con las entrañas, y que estás más pálido que un ángel asustado. Permíteme si no me lo creo del todo y si te digo que, en cuanto menos lo pienses, estarás de nuevo de pie gracias a tu imbatible voluntad de oso, y volverán entonces a brillar tus ojos de cuatrero y a rebelarse esas puntas de tu pelo que llegan a ser incluso más necias que tu impulso por situarte detrás de un escritorio. De cualquier manera allí o en la cama o alimentando ceremoniosamente a tu perro, para mí en ningún momento has dejado de ser el dandy de risa ahogada que alguna vez llevó el mostacho a la Charles Bronson y que, al igual que él, se he empeñado en cada una de sus cruzadas con la determinación de un vengador. Por eso confío en que volverás con la próxima estación, con los vientos helados que nos dejan los corazones con escarcha.