Charles Bronson Particular
 Para A.D.
He vuelto aquÃ, de alguna manera, a causa tuya. No tengo otra cosa que darte, en estos momentos, más que palabras. Palabras y recuerdos, como aquel que me asaltó por la mañana de improviso mientras guiaba la bicicleta bajo la lluvia y sorteaba una de las coladeras que pavimentan la Oranienstrasse. AllÃ, con las gafas mojadas, y cayendo en cuenta con ello, en primer lugar, de que las llevaba puestas, recordé de repente las tuyas, las de armazón horrible y voluminoso que usabas en los ochenta, cuando eras aún regordete y el bigote tÃmido y puntiagudo te daba un aire a lo Charles Bronson que quedaba perfecto con los tiempos. Y allà estabas, siempre fumando y siempre riendo a carcajadas estridentes que parecÃan atorarse en algún punto entre tu mandÃbula y tu estómago. Crecimos luego todos un poco, y entonces fue posible compartir alguna bebida ya no con el tÃo miope y con sobrepeso, sino con el esbelto y afeitado ejecutivo de edad madura que siempre guardaba un consejo bajo el brazo. Cervezas y rones, te pedÃamos la mayorÃa, como cualquiera que apenas rebasa la mayorÃa de edad, pero tú, desde el otro lado de la barra de tu casa, nos conminaste a educar el paladar con whiskeys contenidos en botellas doradas y cognacs cuya cantidad de años añejándose sumaba el doble de nuestra edad. La risa inconfundible, aunque algo más rÃgida, seguÃa allÃ, desafiando cualquier silencio incómodo –o cómodo-, y rebasando cualquier malentendido que pudiese surgir. Y es que, aunque en numerosas ocasiones nuestras verdades, o más bien la defensa de nuestras verdades, sobre todo en cuestiones religiosas, nos pudieron llevar a calladas guerras sin cuartel –de esas que se libran solamente con miradas-, tú nunca –al menos en mi caso- pretendiste imponer la tuya, cosa que te agradeceré toda la vida. Ahora, cosa curiosa, se dice que tu batalla más reciente la libras desde las entrañas y con las entrañas, y que estás más pálido que un ángel asustado. PermÃteme si no me lo creo del todo y si te digo que, en cuanto menos lo pienses, estarás de nuevo de pie gracias a tu imbatible voluntad de oso, y volverán entonces a brillar tus ojos de cuatrero y a rebelarse esas puntas de tu pelo que llegan a ser incluso más necias que tu impulso por situarte detrás de un escritorio. De cualquier manera allà o en la cama o alimentando ceremoniosamente a tu perro, para mà en ningún momento has dejado de ser el dandy de risa ahogada que alguna vez llevó el mostacho a la Charles Bronson y que, al igual que él, se he empeñado en cada una de sus cruzadas con la determinación de un vengador. Por eso confÃo en que volverás con la próxima estación, con los vientos helados que nos dejan los corazones con escarcha.

Septiembre 24th, 2007 at 11:37 am
bellÃsimo homenaje para alguien que siempre ha luchado en la vida, comprendo la nostalgia del ayer y el enojo por las amenzas de pérdida en su vida, mi pareja recién comienza su propia batalla, hoy es su primer dÃa y sé que no será fácil y sé que muchas veces flaquearemos, y aquà entra el exhorto para nosotros: sigamos peleando.
Octubre 26th, 2007 at 11:20 am
Mis comentarios , me dejaste sin comentarios querido CHUY, que manera de lograr esa estipulación de sentimientos dentro de un ser humano, te quiero por ser asÃ, MAGICO Te mando un abrazo