Inicio Registro

Archive for Octubre, 2007

La última confesión de un idealista

Lunes, Octubre 29th, 2007

Me he ideado un nuevo proyecto laboral que, de alguna forma, también es un proyecto de vida. Idealista -¿qué otro?-, tan idealista que a veces tengo ganas de perderme entre tanto idealismo.

Algún día podría escribir un libro: Idealismo para Principiantes.

Viéndolo desde otro punto de vista, sin embargo, alguno de ustedes pudiera sugerir un buen epitafio cuando –no necesariamente en cuerpo presente, se entiende-, sin mirarme me miren dormir algunos metros bajo tierra.

Y sí: Prefiero por ahora dejarlo en misterio, hacerme el misterioso. Tengo ese fastidioso pero inevitable afán.

Además, y ya otros lo han dicho: Es más fuerte que yo.

 

Cambiando a propósito de tema, creo oportuno informarles que, finalmente y luego de muchas vueltas, ha quedado por fin rediseñado mi espacio en la página web de la revista La Tempestad. Así pues, toda persona, idealista o no, queda atentamente invitada a asomarse a www.diariolatempestad.com y leer a mi otro yo (que, dicen, es el mismo) en Capitales del Arte- Berlín, en donde pretendo vomitar palabras cada martes. En mi último post abundo sobre Heima, película documental de Sirgur Ros a cuya premiere tuve la oportunidad de acudir aquí en Berlín. Y bueno, tanto me gustaron las imágenes, durante tanto tiempo se me han quedado cinceladas en la cabeza, que con libertad me doy el gusto de autoplagiarme a lo chino y colocar el trailer nuevamente en este espacio. Voilà:

Goodbye Horses

Martes, Octubre 23rd, 2007

La nuca dice que los últimos días, si no las últimas semanas, y de hecho, si no la paro en seco, diría que durante todo el 2007 he tenido un humor detestable. Quisiera desdecirla, pero la verdad es que tiene toda la razón: de un tiempo para acá me he vuelto un ogro infame, un perro rabioso, un burócrata intolerante, si es que se les puede pensar de otra forma. A favor de mis argumentos tengo el clima: Nadie puede convertirse en un filántropo cuando a mediados de octubre las mañanas ya se viven a menos cero grados. Siendo sincero, lo que me queda ante tan apetecible atmósfera, por lo general, es desear el pronto advenimiento de un Apocalipsis indoloro, un tris tras, un kabuuum, un pok o pum divino e impecable que en cuestión de segundos nos haga dormir con los peces. Si bien, sería injusto que la nuca niegue terminantemente, y sobre todo, el negarme a mí mismo, aquellos pocos ratos en que, pese al frío, adoro el margen dorado que las hojas muertas pintan en las calles berlinesas, aquellos momentos en que parece que todo va bien, que es bueno estar vivo aunque la misantropía se halle a la orden del día y se desayune diariamente melancolía sin sal. Incluso, para mi sorpresa, tengo instantes que son más bien como destellos, parpadeos minúsculos, en los que me río con mi risa de foca en celo. Uno de ellos, y que es que quiero compartir, me lo regaló Kevin Smith vía su Clerks 2, película que gracias a una querida amiga tengo ya en video. Smith, ya se sabe, es de esos directores que se aman o se odian, de los que para unos es un genio incomprendido y para otros el resumen fisiológico del perfecto imbécil. En medio, o indefinidos, si se prefiere, andamos unos despistados que apenas conocemos su obra pero estaríamos dispuestos a adentrarnos a ella sosegadamente. Previo a seguir smitheando, sin embargo, les dejo aquí de una buena vez el que, a mi parecer, es el mejor gag de Clerks 2 (amo el “Ohh!” al entrar la música):

Dado a que por lo general estos homenajes corresponden a cuestiones generacionales, les dejo también aquí el original de The Silence of the Lambs, probablemente el mejor thriller sobre un serial killer que hasta la fecha se ha rodado:

Y nada. O tal vez sí. Eso: Goodbye Horses

Yo Contra Yo

Martes, Octubre 16th, 2007

Yo 1.- ¿Te acuerdas de aquellos tiempos, hará ya unos tres años, cuando no pensabas tanto en lo que escribirías en tu blog, cuando parecía que escribías por escribir, que al final solamente importaba eso?

Yo 2.- Soy malo para recordar. Si acaso tengo la impresión de que entonces no importaba que nadie me leyera. Que escribir era meramente un acto de exorcismo.

Yo 1.- ¿Y qué pasó entonces?

Yo 2.- Nada pasó. Sigo escribiendo por exorcizarme, y además también continúo pensando que me leen pocos, los que pierden o los que saben lo que es perder. Según Federico, mis lectores llegan aquí porque se han perdido, porque encuentran divertido mi dolor, o porque hacen sus apuestas sobre el tiempo me ausentaré luego de cada escrito que subo. Si acaso, vale la pena decirlo, me cambié de país y de gente. Y creo que al hacerlo también, de alguna forma, me mudé de mí mismo. Me explico: Soy un Yo que, a últimas fechas, se alimenta únicamente de nostalgias. Al fenómeno le llamo “saudade berlinesa”.

Yo 1.- ¿Y hay alguna explicación de ello?

Yo 2.- No. Creo que no. Al menos no una válida. Cuando mucho el hecho de que aquí, aunque uno juegue al imbécil y pretenda otra cosa, la realidad es que se vive entre fantasmas. Se despierta, se come y se baña, y se toma el café de la tarde rodeado de fantasmas. Sobre todo en otoño. Las noches caen ya a las seis de la tarde, y a esa misma hora los cuervos empiezan a graznar. Es entonces cuando la melancolía se cuela y los fantasmas también. Y entonces uno cree que el ambiente se presta por completo para que uno vomite una obra maestra, pero lo único se vomita son recuerdos y nostalgias. A veces eso está bien, pero al vomitar en exceso uno corre el peligro de volverse loco, en el mejor de los casos.

Yo 1.- ¿Y en el peor?

Yo2.- ¿Y todavía preguntas?, ¿A estas alturas no te parece obvio que el peligro más grave que amenaza a los padecientes de la “saudade berlinesa” es que el día menos esperado podrían despertar transformados también en fantasmas?

Yo 1.- Ah, ¿como Gregorio Samsa?

Yo 2.- No, como Kafka.

Yo 1.- ¿Y piensas que hoy corres con ese riesgo?, ¿crees que mañana ya no serías tú-yo, sino un fantasma más, un fantasma que se pierde entre los miles de fantasmas que habitan Berlín?

Yo 2.- Definitivamente. Hoy sería así si no fuese por dos cosas que, sin esperarlo, me han salvado. Al menos por unas horas más.

Yo 1.- ¿La poesía?

Yo 2.- Indudablemente… la poesía y PJ Harvey. Ambas hacen a ratos la misma cosa: condenarnos para salvarnos.

Yo 1.- Aunque sea solamente por unos minutos más.

Yo 2.- Sí, aunque sean minutos, segundos, tiempo…