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Caer Sobre la Música

Últimamente he estado más musical que nunca, al menos que en mucho tiempo. Creo que en mucho se debe a que en Berlín tenemos ya el clima y la luz perfectos como para que se desarrolle aquí una convención de suicidas… o de vampiros. Yo soy un poco de ambos, a ratos, pero mi constante indudable es caer una y otra vez sobre las notas. No importa cómo: de cabeza, de culo, de costado, pero siempre caer allí. Mucho gusto le dará a mi amigo catalán, “el Monroy”, el que ande pasando por esta situación, porque creo que es de esas personas que nacieron cayendo sobre la música. Alto, fornido y apenas risueño, parece más un contador astuto que un melómano consumado. Aunque hay algo raro en él, misterioso, una especie de doble vida potencial atorada en sus ojos, como si en el supuesto caso de que efectivamente fuese un solemne contable de cualquier manera escondería algo inusual, poco conveniente o políticamente incorrecto, como infiltrarse por diversión entre Okupas o irse todos los domingos a cazar perdices en los campos de Lleira, totalmente dispuesto a ultimar las aves con las manos si acaso fallase la escopeta. Fantasías aparte, en “el Monroy”, si se le conoce bien, lo único que se descubre es un corazón de toro inmenso. Sí, gran tipo “El Monroy”. El músico más músico que conozco sin tocar siquiera el contorno de un instrumento. A él le debo el que mi curiosidad musical continúe sin estancarse, que se siga inflando, expandiendo, incrementando. A ratos ha sido mi revista Uncut, mi Q y mi Rockdelux sin cobrarme ni medio duro. Cierto es que no coincidimos total e infaliblemente en gustos, pero aun así no ha habido ni una sola ocasión en que me haya presentado algo que considerase terrible o vomitivo. Al contrario, me asustó –y me asusta- que la mitad de los grupos o solistas que más me llenan ahora, que más me dicen cosas, me hayan sido introducidos por “el Monroy”. Uno de ellos, Stephin Merritt, ha sido el responsable de que las últimas semanas en Berlín hayan sido más que nostalgias tejidas desde el cielo. O más bien, gracias a Stephin Merritt y, en específico, gracias al disco 69 Love Songs de The Magnetic Fields (uno de sus tantos grupos), ese tejido de nieve y recuerdos ha adquirido un sentido mayor a la tristeza pura, una razón que no puedo describir con palabras porque no me alcanzan.

Para lo que sí me alcanzan es para dejarlos con mi canción preferida del disco, “I Don´t Want to Get Over You”. Federico, curiosamente también fan de los Fields y gran conocedor de Merritt, me insiste en que no es posible elegir un tema favorito de entre la perfección, de entre un conjunto tan inseparable como lo es 69 Love Songs. Y quizá tenga razón. No lo sé y me pica la curiosidad saber qué opinaría de ello “el Monroy”. Pero mientras lo pienso y continúo con mi tejido de nostalgias y hallando una razón indescriptible y mirando a la Berlín indiferente desde la ventana, esta canción a veces me significa el sentido en sí. Un sentido igualmente indescriptible. Un sentido, quizá, del sentido.

p.d. La animación, por cierto, me parece bastante respetable.

4 Responses to “Caer Sobre la Música”

  1. Federico Says:

    Apreciado amigo:

    Si bien es cierto que soy un gran admirador de Merritt y del disco que mencionas, creo que me expresé torpemente el otro día, alrededor de nuestra tradicional dosis de cafeína en Morena’s Bar, al no ser capaz de transmitir mi opinión acerca de 69 Love Songs. Porque no creo que sea un disco perfecto–tiene momentos algo flojos, e incluso un autoplagio: “I Don’t Believe In The Sun” vs. “Queen Of The Savages”–, ni tampoco demasiado compacto: un álbum que se plantea efectuar un repaso a toda la música popular del siglo XX no podría aspirar a ello-ni siquiera empleando el artificio de la temática amorosa, cuya aplicación es, en varias ocasiones, más que forzada (”Experimental Music Love”, “World Love”)-.

    Mi razonamiento, falaz a todas luces, iba más bien en la siguiente línea: uno tiene, habitualmente, una o dos canciones favoritas en un (buen) disco de longitud ordinaria, v. gr. de doce canciones. Pero: ¿y cuando el (buen) disco dura casi seis veces más? Efectivamente: lo lógico sería que tuviésemos de seis a doce canciones favoritas. Si esto que he dicho tiene algún sentido, lo cual no se cumple, entonces se explica mi sorpresa ante la elección de “I Don’t Want To Get Over You” como la mejor canción de 69 Love Songs.

    Te recuerdo, y declaro aquí públicamente, que, mientras no aportes pruebas de lo contrario (por ejemplo esta tarde en Morena’s), el Beatle Paul es mejor letrista que el Beatle John.

    Saludos a toda la comunidad de lectores de nuestro chilango en Berlín favorito. ¡Especialmente a “el Monroy”!

  2. un flautista en la corte del Rey Moule de la frite Says:

    Federico?!

    pero y entonces…tú crees que seremos demasiados…? no es interesante la promiscuidad por un fin de semana…?
    ;)

    Saludos, Chilango

    Hoy I feel cucu. Quite nervös también ante mi nueva ciutat..

    A ver si podemos tomarnos una dosis de cafeina juntos este fin de semana en el Morenen..

  3. K. Says:

    Está bastante aceptable la rola, es de esas que te hacen mover un pie al compás sin darte cuenta. Podría escucharla en el camino, en solitario, cambiando el ambiente sombrío de Berlín por un día soleado en Florida o en Arizona.

    Ahora ha descubrir más cosas de Merritt, tiene una voz interesante.

  4. rogelio garza Says:

    qué sería de nuestras vidas sin la música, Chuy?

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