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New’s Divine o Un Viernes en la Ciudad de los Sacrificios

Hoy pienso en mi ciudad, en una de mis ciudades, y sin mirarla la miro más gris que nunca. Tiembla y no es por frío, y en su ruido constante lo único que prevalece es el silencio.
Tales cosas sólo suceden en mi ciudad, en una de mis ciudades, cuando tiene miedo, en aquellos calurosos días lavados en los que el dios del sol y de la sangre se asoma, no como si volviera, sino como si en realidad jamás se hubiese ido.
Yo soy de los que piensa lo segundo y por eso también tiemblo y me estremezco y soy gris y ensamblo silencios en medio del ruido.

Fueron -lo he leído, lo he escuchado- doce cuerpos, algunos pequeños como lágrimas, los que cayeron desmoronados sobre el pavimento. Tras el olor a tabaco y a cerveza barata, e incluso en unos casos por sobre el aroma a uniforme transpirado y el tufo negro y profundo de la muerte, se percibía el inconfundible aliento del horror, aquel tan parecido al del olvido.
Ya se sabe: En mi ciudad, en una de mis ciudades -y que de algo sirva la memoria-, siempre existirán tardes aptas para los sacrificios.
Lo siguiente será devorarse a sí misma.

3 Responses to “New’s Divine o Un Viernes en la Ciudad de los Sacrificios”

  1. Narices Says:

    Me has puesto la piel de gallina. Dios, cómo lo escribes. Eres tan sutil y brutal que noto los olores, huelo la sangre, el miedo y hasta el sol. Si creyéramos en algo podrámos rezar por ellos. Lo que nos queda es no olvidarlos.

  2. Maria José Says:

    Creo que te conozco y no ubico de dónde… te vi en mis contactos de facebook y estoy casi segura, de RS????
    Leí todo tu blog, me encanta, yo estuve viviendo en Madrid todo el año pasado, donde no era nadie y creo que no fui nadie, pero ahora extrañar ese año me mata.
    Estamos en contacto y ojalá puedas aclararme el misterio de por qué te me haces tan familiar!!!
    Besos

  3. homo rodans Says:

    Fascinante texto maestro. Maravilloso homenaje a los sacrificados.

    En esta política militarizada, los jóvenes como los pobres, se criminalizan. Una lógica aterradora pero de consecuencias palpables.

    un abrazo doloso.

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