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Herrn Simpson

Por tu culpa otra vez llegué tarde a la comida de letras, de estas letras que muchas veces son tontas y pretenciosas, y que en otras, las menos, se rebelan y adquieren destellos mínimos de brillantez, como si se tratase de estrellas moribundas… las palabras, al final, son luciérnagas tragadas por sapos.

Y también a causa tuya tengo el descaro de irme tan pronto como llegué. Ni siquiera poseo el tiempo o la paciencia de despedirme o al menos de no hacerlo del todo, lo cual sería incluso más elegante o adecuado. Me quedo en medio, indefinido, congelado para mi pesar en un limbo de idiotez y no de locura.

Y todo es tu culpa, señor Simpson. Tu llegada a Berlín desbarató mis horarios y rutinas. En nuestro encuentro bebí demasiadas cervezas y fumé, como tú, demasiados cigarrillos y, lo más raro, y lo comento por si no te diste cuenta, me tragué mi usual timidez y me atreví a gritarte y pedirte canciones (por primera vez en mi vida) como un vil fan, casi como una colegiala actuaría frente a su a boy band favorita, y no contento con ello me animé a cantar contigo un par de líneas de tus canciones aunque, eso sí, sin acercarme siquiera un poco a aquellos gritos tuyos que parecen salidos del infierno que hay detrás del infierno. Rodeado de alemanes, fui el único que brincó siquiera a medias, como un conejo cojo, y por un momento sentí o pensé que era el único al que el corazón le corneaba le garganta.

Pero no lloré cabronazo. Ni lo pienses. Aunque si hubieses tocado la siguiente canción te confieso que sinceramente no habría sabido qué hacer.

Me la debes…

2 Responses to “Herrn Simpson”

  1. Javier Says:

    Wow, qué rolón.

  2. knth Says:

    incontestable ese directo… criminal e incontestable…

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