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Miércoles Macabro

A veces me parece que el inicio todo se debe a que el primer autor de quien leí la obra completa fue Edgar Allan Poe. Recuerdo haber leído El Corazón Delator extasiado, con mi corazón bombeando al mismo ritmo e intensidad que aquel que suena en la cabeza del asesino del relato. ¡Pum, pum, pum!, sentía en el pecho, como si un gigante me zapateara el esternón.

Allí despertó, creo, aquel lado macabro al que durante años y años me dediqué a alimentar con documentos de todo tipo: De Lovecraft pasé a Stephen King y entre ellos pasé cuenta de varias compilaciones de Nota Roja que por alguna extraña razón mi padre guardaba en su biblioteca, ello por no mencionar la concienzuda revisión que hice de diversos casos criminales que en el tiempo en que ocurrieron estremecieron a todo México: La Poquianchis, José de Jesús Constanzo (probablemente el primer narcosatánico que alcanzó gran fama), Gilberto Flores Alavez… y por si fuera poco entre libro y libro observé cuanta película de zombis, hombres lobo o vampiros pudiese encontrar en el videoclub, y cuando terminé con ellas me pasé a cosas bastante más fuertes como lo son las cintas gore, splatter y otras que no sé ni qué apellido darles pero que incluían imágenes de ejecuciones reales o matanzas grabadas en vivo por cadenas televisivas –digamos, producto de encontrarse cubriendo alguna guerra- y que éstas, dada su crudeza, no se atrevían a transmitir al aire.

Un día coincidió que en aquella época universitaria se me encargara un trabajo de investigación a entregar en seis meses y enseguida decidí el tema: Asesinos en Serie y fue así como acabé desayunando con Ted Bundy, comiendo con Ed Kemper y cenando con Ed Gein. Los sábados por la noche las cervezas eran en compañía de John Wayne Gacy y los domingos por la tarde, sin duda la hora más melancólica de la semana, el turno era para el viejo Jack, quien no hacía sino hablar de lo cargada que es la niebla en Londres y de lo triste que lo ponían sus calles angostas, tan parecidas al costillar de un carnero… Sería muy injusto negar que me la pasé bomba al principio de la investigación y lo mucho que gozaba con la obsesión que despertó en mí, dotada de un ímpetu que hasta Clarice Starling habría envidiado. Fue tremendamente apasionante el tratar de meterme en la cabeza de estos bizarros personajes, medir sus movimientos, mirarles, lo más que pudiese, los ojos que tenían detrás de los ojos, escuchar las pequeñas voces, de liliputenses o de hormigas, que les llegaban mientras comían la sopa frente a la TV o atendían al cliente en la oficina de banco en que trabajaban, como cualquier mortal.

El proceso fue incluso divertido y me hacía un montón de gracia que amigos y parientes me viesen de lo más raro cuando les hablaba de mi proyecto.  Hasta que empecé a tener sueños raros, sueños que con el paso de los días se transformaron en las peores pesadillas –y los que me conocen saben que soy un hombre de pesadillas tremebundas- que he tenido en la vida. Pesadillas que me hacían despertar gritando y con los tendones endurecidos y con gotas frías como de mercurio deslizándose por mi columna. Yo esperaba que con los días los malos sueños se fueren disipando, que a fuerza de la constante racionalización que hacía de ellos no tuvieren otra opción que desaparecer o volver a las sombras, pero lo cierto es que empeoraron como la salud habitantes de la Casa de Usher, brindándome vez con vez imágenes más terribles, al punto de que llegué a sentirme un adolescente víctima de Freddy Krueger que no halla peor condena que el cerrar los párpados y dormir. 

Y justo cuando pensé en que las cosas habían ido muy lejos y que quizá era momento de pedir ayuda antes de que el insomnio o las pesadillas me enloquecieran, entregué finalmente mi trabajo de seis meses y con ello mis problemas llegaron a su fin como por arte de magia. Dormí como un bebé esa noche, y la siguiente, y la siguiente… Confieso que había olvidado eso, todo aquel particular episodio de mi vida prácticamente por completo hasta la semana pasada, cuando luego de reflexionarlo detenidamente me decidí a ver el primer episodio de Dexter, serie de televisión que pretende retratar la vida de un asesino en serie que mata, curiosamente, a otros asesinos.

Y así fue que recordé que hubo una ocasión en mi vida en que los temas macabros me fueron sumamente atrayentes. E incluso me vinieron a la mente pequeños, ínfimos y aparentemente insignificantes detalles, como el que la canción que a continuación podrán escuchar –y ver- era la que oía en su auto una de las víctimas de David Berkowitz, mejor conocido como El Hijo de Sam, justo antes de que una bala lo rompiera.

Lo cito como un ejemplo de las ironías de la vida, creo yo. Ironías que espero que sean la fórmula adecuada para alejar de mí aquellos sueños que alguna vez observé de tan cerca que pude respirarlos, percibir su olor a grito, su podredumbre. Sueños gestados en el fondo de la oscuridad, dotados de un color indefinible, un color que pudiera ser un no color o un anti-color. El mal.    

3 Responses to “Miércoles Macabro”

  1. K. Says:

    Creo que no resulta curioso que tanta gente pueda comentar, discutir, desmenuzar, analizar y racionalizar el Mal. Ese con mayúscula que engloba todas las atrocidades a nuestro alrededor.

    Me empapé de todas las ficciones que pude (hasta la fecha lo hago) relacionadas con el Mal. Después, mi proceso me llevó a adentrarme en las realidades… en un principio sin comprender que ya no estaba explorando el campo de lo ficticio, que los asesinatos, la crueldad, la tortura, el dolor y todas sus nefastas consecuencias habían sido obra, causa y efecto de seres reales…

    Hasta que no caí en cuanta de este hecho no me produjo nausea mi búsqueda incansable de las atrocidades del Mal.

    Hoy día me quedo con la ficción del Mal.

    Hoy día repudio la realidad del Mal.

    Hoy día doy gracias por cada día que puedo vivir directamente fuera de su cauce, esperando que el universo siga conspirando a mi favor para poder mantenerme alejado de sus fauces.

    Me hiciste revivir mi pasado de forma estremecedoramente vívida… gracias por seguir compartiendo.

    Un abrazo.

  2. Javier Says:

    Siempre fuiste oscurito y hace poco alguien te dijo beato…
    Algo advierte Nietzsche sobre mirar demasiado al abismo….
    Te mando un abrazo hermano, muy bueno leerte, buena rola.

  3. perrozombie Says:

    Que sirva este comentario no solo para hacer un reconocimiento de este post, sino de todo tu trabajo.

    Gracias por compartir letras con los enajenados de la red.

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